Enseñar a tacklear también es enseñar a cuidar: El desafío pedagógico del rugby infantil

Un análisis sobre los saberes de los entrenadores, las decisiones didácticas y la seguridad en el juego a partir de los debates internacionales y las investigaciones locales en las etapas formativas del rugby.


Por Juan Casajús

La discusión sobre la enseñanza del tackle vuelve a ocupar un lugar central en el rugby internacional. El reciente planteo publicado por Planet Rugby, bajo el título “Let’s teach kids to be really good tacklers”, propone desplazar la mirada: no esperar a que los jugadores sean mayores (o juveniles) para abordar técnicamente una de las situaciones más complejas del juego, sino construir desde las edades infantiles mejores condiciones para aprender a tacklear. La cuestión, sin embargo, no parece reducirse a enseñar una técnica “correcta”. La pregunta pedagógica es más profunda: ¿qué significa enseñar el contacto en las primeras etapas de formación y qué decisiones toman los entrenadores para hacerlo posible?

Desde las investigaciones desarrolladas en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) sobre la enseñanza del rugby infantil, esta discusión puede ser leída como un problema didáctico. Varios trabajos del Grupo de Estudios e Investigaciones en Rugby (GEIR-UNLP) han puesto el foco en las prácticas concretas de enseñanza, los saberes que circulan entre entrenadores y las condiciones en las que quienes juegan construyen sus aprendizajes. En este sentido, enseñar el tackle no consiste simplemente en descomponer un gesto motor y repetirlo. Supone seleccionar contenidos, organizar situaciones, intervenir verbalmente, regular la oposición y construir progresivamente condiciones de seguridad que permitan aprender dentro de la lógica del juego.

Aquí aparece una tensión particularmente interesante. Durante mucho tiempo, determinadas propuestas de enseñanza deportiva han separado el aprendizaje técnico del juego: primero el ejercicio, después la situación real. Pero el tackle es una acción situada, condicionada por la velocidad, el espacio, el adversario, la percepción y la toma de decisiones. Por eso, la seguridad no debería pensarse únicamente como una serie de instrucciones preventivas agregadas al final de la enseñanza. Puede constituirse como un contenido pedagógico en sí mismo. La manera en que se organiza una práctica, se gradúa la oposición y se habilitan determinados comportamientos puede favorecer —o dificultar— tanto el aprendizaje técnico como la seguridad.

La actualidad internacional vuelve entonces sobre una cuestión que también resulta significativa para el rugby argentino (y por qué no sudamericano): ¿qué saberes necesitan los entrenadores y entrenadoras para enseñar el contacto? No alcanza con conocer el reglamento ni con dominar personalmente la ejecución del tackle. Hace falta interpretar las respuestas de quienes aprenden, reconocer cuándo aumentar o disminuir la complejidad, decidir qué tipo de oposición resulta pertinente y comprender que el error también forma parte de la construcción del aprendizaje. Desde una perspectiva pedagógica, el entrenador deja de ser solamente quien “corrige” una técnica y pasa a ocupar un lugar decisivo en la configuración de las condiciones didácticas.

Quizás allí exista una línea de investigación todavía abierta para el rugby infantil argentino. Si queremos mejorar la seguridad, tal vez debamos mirar menos el resultado final del tackle y más cómo se enseña a llegar a él. Las discusiones actuales sobre contacto, conmociones y prevención pueden ser una oportunidad para revisar las prácticas cotidianas de los clubes: qué se enseña, cuándo se enseña, con qué progresiones, bajo qué condiciones y a partir de qué saberes profesionales. El desafío no sería simplemente formar mejores tackleadores, sino construir mejores experiencias de aprendizaje del contacto. Y eso nos deja, al menos, algunas preguntas: ¿qué están enseñando actualmente nuestros entrenadores y entrenadoras cuando enseñan el tackle? ¿Qué condiciones didácticas favorecen simultáneamente aprendizaje y seguridad? ¿Y qué necesitamos transformar en la formación de quienes enseñan rugby infantil en Argentina?

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