Histórico: Guillermo Quiroga debutó en el Plantel Superior de Cha Roga a los 54 años en el Torneo del Litoral

La increíble historia de Guillermo Quiroga: de manager y secretario a ponerse los cortos en Segunda División para ayudar al club de sus amores. «Cayó el misil, armá el bolso», el mensaje previo al debut. Una muestra pura de amor por los colores, voluntarismo y el verdadero espíritu del rugby amateur.


Dicen que nunca es tarde. Guillermo Quiroga, nicoleño de nacimiento y santafesino por adopción, jugó su primer partido de rugby en el Plantel Superior de Cha Roga Club a los 54 años, en la Segunda División del Torneo del Litoral (TRL). Lo vivido en la Pandemia de Covid como a muchos movilizó a Guille a mirar la vida de diferente manera, no postergar, disfrutar y vivir al máximo todo lo que se pueda.

Desde 2021 integra el equipo de Veteranos de Cha Roga, lo que significó su primer contacto directo con la ovalada. Aunque reconoce su edad avanzada, el club de sus amores necesitaba la ayuda de todos: cuando en casa se requiere, hay que ponerse los cortos. Además de su faceta como jugador, «Guille» fue manager de la camada 2007 y, desde 2023, se desempeña como Secretario de la institución de Santo Tomé. Para su familia, Cha Roga hoy lo es todo.

El comienzo de un idilio

Toda historia tiene un punto de partida, y la de los Quiroga con el «Cangrejo» no es la excepción. “Llegamos a Cha Roga de la mano de Teo, un amigo de mi hijo que hacía años nos venía pidiendo que nos sumáramos. Así, el 8 de mayo de 2019, entramos al club para que Lautaro jugara en M11. Y no nos fuimos más. Ese mismo año, a los dos meses de llegar, ya era manager de la M11, y seguí en esa categoría hasta mediados de 2023, momento en que dejé la función para asumir como Secretario, tarea que desempeño hasta el día de hoy”, recuerda Guillermo.

Para contextualizar y entender la decisión de jugar al rugby federado después de los 50 años, es necesario viajar un poco en el tiempo. “Durante mi vida siempre hice deportes. Jugué al vóley, al fútbol, al básquet, hice judo y natación. La mayor cantidad de años de mi niñez y juventud integré los planteles del club Somisa en San Nicolás, el club de mis amores. A pesar de que siempre me encantó el rugby como disciplina integral y formadora de personas más que de jugadores, nunca lo había podido practicar porque en esos años Somisa no tenía rugby. Jamás pasó por mi cabeza cambiar de club, a pesar de que mis comienzos en el vóley fueron en Belgrano. El ‘Negro’ Mariano Surraco, un gran amigo que ya no está en este plano, se cansó de invitarme a jugar en Regatas, pero siempre consideré que no podía traicionar el amor que sentía por Somisa. Aunque fui muchas veces a la isla a ver jugar a Mariano, nunca entré a la cancha”, explica.

El click definitivo llegó con la postpandemia: “Ya con una montaña de años encima, me dije: ‘Pensar que la podría haber quedado con el Covid y nunca hice lo que tanto me gusta’. Así fue como a mediados de 2021 comencé a entrenar con los Veteranos del club, quienes generosamente me aceptaron como uno más desde el primer momento. Excepto por unos meses debido a una luxación de hombro, nunca más paré de entrenar y de jugar todas las veces que se puede. En la zona de Santa Fe, Paraná y Rosario hay un circuito de veteranos muy activo”.

El salto a Segunda y la necesidad de «poner el cuerpo»

Cha Roga militaba en la Tercera División del Torneo del Litoral, pero tras una reestructuración del certamen, el club de Santo Tomé —ciudad ubicada a 4 kilómetros de Santa Fe capital que conforma el Gran Santa Fe— pasó a integrar la Segunda División. Esta categoría exige requisitos superiores, como presentar tres equipos en el Plantel Superior: Primera, Reserva y Pre Reserva.

“Llegar a Segunda División requiere un esfuerzo extra en todo sentido. Para los clubes, mejorar la infraestructura para albergar un mayor flujo de gente obliga a utilizar la imaginación y recursos que a veces no tenemos. Esa es la realidad de varias instituciones de la divisional. La conformación de los planteles exigidos por la competencia no escapa a ese esfuerzo supremo. Cha Roga viene de varias temporadas en Tercera, lo cual hizo mella en la convocatoria de jugadores. Así las cosas, varios de los muchachos de Veteranos, que hoy por hoy somos uno de los motores operativos del club, nos tuvimos que volver a calzar los cortos para afrontar un torneo muy exigente desde lo físico y lo emotivo”, afirma el nicoleño.

“En mi caso particular, debido a esta situación coyuntural, me tocó debutar en el Plantel Superior en Pre Reserva a los 54 años. Desde mi debut en la tercera fecha contra Universitario de Santa Fe, disputé todos los partidos (Uni, Provincial, CRaR). A veces un tiempo entero, a veces unos minutos. Pero trataré de estar todas las veces que la situación lo demande para darle «más aire» a los chicos que tienen que jugar en Reserva y Primera. Ojalá el espíritu de estos viejos contagie a los que se fueron, para que vuelvan y seamos muchos más”, anhela Guillermo.

«Cayó el misil, armá el bolso»

La historia del debut y la previa merecen un párrafo aparte por la intensidad con la que se vivió. “Desde principios de año veníamos barajando la posibilidad de que se presentara este escenario. Ante el inminente comienzo del TRL, le dije a Edu, uno de mis amigos de Veteranos: ‘Yo me voy a fichar para jugar, pero sólo para hacer número. Si cae un misil en la cancha y no queda nadie, ahí tal vez entre’. Y quedó la frase. El viernes 17 de abril a la noche, en la víspera del partido con Universitario de Santa Fe, me llega un mensaje de WhatsApp: ‘Guille, cayó el misil. Armá el bolso’. Esa noche no pude comer, ni dormir, ni desayunar. No me entraba un alfiler de los nervios. Pero todo eso se terminó cuando sonó el silbato y la pelota estuvo en el aire”.

El postpartido fue pura descarga emocional: “Cuando terminó el encuentro, sólo me salió ir a buscar a Juanca Villamayor (una leyenda del club) que había quedado bajo una de las H, abrazarlo y llorar, llorar mucho. Fue una emoción inmensa para todos los Veteranos que habíamos ido ‘a poner la cabeza’ por el club de nuestros corazones. No sé cómo terminó el partido, no sé si nos golpeamos, no sabíamos si hacía calor o frío. Estábamos ahí. Los 15 de pie, con la cabeza arriba”.

El patio de su casa

Hoy en día, Cha Roga es mucho más que un club de rugby; es el lugar donde la familia Quiroga se siente en casa. “El rugby es lo más importante que me pasa en la vida, porque es ir a entrenar como si fuera la última vez; nunca se sabe. Además está la familia: mi hijo juega en M19, mi mujer en las Cangrejas +35 y mi hija nos acompaña en todas. Están los amigos, las reuniones eternas y la mesa larga. El club es el patio de nuestra casa, el lugar donde queremos estar. Es una escuela de disciplina, de respeto y de un amor profundo por los colores. Disfrutamos muchísimo cocinando en los terceros tiempos, plantando árboles, cortando el pasto o estirando alambrados… todo lo que se te ocurra lo hacemos nosotros, porque el amor por Cha Roga no tiene lógica”.

El fixture marca que el próximo sábado 8 de agosto, por la décima fecha, Cha Roga visitará a San Nicolás Rugby, el equipo de la ciudad natal de Guille. No será un partido más. “Ojalá pueda llegar en buen estado y entrar aunque sea unos minutos. No interesa el tiempo. A los 54 años, estar al costado de una cancha con la posibilidad de ingresar, agarrar la pelota y poner el hombro, es un regalo que nunca soñé tener y que no pienso desaprovechar. Ojalá pueda estar en San Nicolás. Ojalá sea en la isla. El ‘Negro’ Surraco va a estar contento”.

A la familia Quiroga el deporte los atravesó por completo. Lo que empezó como una simple invitación para su hijo terminó convirtiéndolos en parte de algo mucho más grande. El rugby y los clubes amateurs argentinos se sostienen gracias a este voluntarismo apasionado. Un legado contagioso para que las generaciones por venir continúen con la noble tarea de practicar deporte, socializar y, por sobre todas las cosas, formar mejores personas.

Crédito de fotos: Prensa Cha Roga

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