El nuevo Nations Championship ya genera cuestionamientos por su particular formato y los extensos viajes que deben afrontar los equipos. Uno de los casos más controvertidos fue el de Japón, que debió jugar como local ante Irlanda… pero en Australia.
Los Brave Blossoms disputaron el encuentro en Newcastle como parte de una planificación destinada a reducir la carga de viajes de Irlanda. La decisión llamó la atención de Francia, cuyo entrenador Fabien Galthié consideró que el calendario favoreció al conjunto irlandés antes del duelo entre los galos y Japón en Tokio.
La organización explicó que el cambio respondió a un criterio logístico: si Irlanda hubiera viajado a Japón, su recorrido total habría aumentado en unos 14.500 kilómetros, alcanzando cerca de 37.600 kilómetros durante la competencia. Para evitar una desventaja frente a otras selecciones europeas, Japón aceptó trasladar su partido de local a Australia.

La medida no cayó bien en Eddie Jones, entrenador japonés, quien ironizó al afirmar que “Irlanda es todopoderosa en el rugby mundial”. El australiano cuestionó que Japón tuviera que resignar una localía en Tokio por no contar con suficiente peso político dentro del rugby internacional.
Además del debate deportivo, el cambio tuvo impacto económico: el partido en Newcastle convocó apenas unos 11.000 espectadores, una cifra muy inferior a la que podría haber alcanzado un encuentro de los Brave Blossoms en Japón.
El episodio expuso uno de los grandes desafíos del nuevo torneo: encontrar un equilibrio entre la logística, la igualdad deportiva y los intereses comerciales para sus próximas ediciones.
