Revivimos la historia de superación del primera línea formado en Provincial. De pesar 125 kilos a los 13 años y esquivar un destino difícil en Barrio Matheu, a representar al país y triunfar en el rugby español. Una lección de resiliencia que demuestra que los clubes salvan vidas.
Los clubes son el mejor refugio para un chico; esa es una realidad innegable. Todos los días aparece un caso que reafirma a las instituciones deportivas como el aliado estratégico —junto a la escuela— para ofrecer herramientas que permitan elegir el camino de la prosperidad.
«Mi vida, si no llegaba al rugby, terminaba en una esquina. Mis amigos de antes, hoy varios no están más y otros tomaron rumbos muy diferentes. El club me dio un lugar y me llevó por el camino que yo quería ir», sentenció Brian González en 2021, con apenas 22 años, cuando recibió el llamado de la Unión Argentina de Rugby para sumarse a Argentina XV. Aquel fue el premio a un pibe que trabajó años para evolucionar, no solo en el scrum, sino en la vida.
El encuentro que lo cambió todo
A los 13 años, Brian estudiaba en la escuela secundaria «Jorge Cura». Allí conoció a Germán Bustos, preceptor y jugador de Provincial, quien vio en aquel chico de 1.85 metros y 125 kilos un potencial diamante en bruto. «Me hablaba siempre del rugby. Yo no me animaba, hasta que un día fui a una práctica. Ahí empezó esta locura. Estaba armado, pero no entrenado», recordaba Brian sobre sus inicios.
El camino no fue lineal. Primero tuvo que convencer a su familia, de pura cepa futbolera. Su mamá, preocupada al principio, terminó convirtiéndose en su mayor fan y analista táctica: «Hoy sabe todo, va siempre y hasta me explica cosas del rugby», contaba entre risas.
Provincial: El hogar y la contención
En el club del Parque, Brian encontró una familia. Esteban Tisone, su primer entrenador, fue quien le transmitió el amor por el juego. La categoría 99 lo abrazó desde el primer día, brindándole una vida social que el Barrio Matheu, con sus carencias, a veces le negaba.
A los 17 años, su rutina era una oda al esfuerzo: escuela, club y trabajo. Fue seleccionado para el Pladar, pero las responsabilidades pesaban. En aquel entonces, trabajaba en un McDonald’s por un programa social y debió tomar una decisión difícil: «Elegí trabajo y deporte. Dejé la escuela, pero tengo el objetivo de terminarla y seguir una carrera universitaria».



Para entrenar con el sistema de la UAR, Brian se levantaba a las 6 de la mañana y viajaba dos horas en colectivo. Ese sacrificio forjó el carácter del jugador que hoy brilla en las canchas de España.
El llamado de Argentina XV
La citación en 2021 lo tomó por sorpresa. Tras una pandemia donde se entrenó en silencio y bajó de peso, el llamado para la gira por Chile y Uruguay fue el validante de su esfuerzo. «Hice muchos sacrificios. Vivo en un barrio muy humilde y mis vecinos me tiran buena onda, aunque por ir al club algunos me trataron de ‘careta’ por dejar ciertas compañías», confesaba con honestidad brutal.
Cuatro años después: El presente en Europa
Hoy, la realidad de Brian González es el reflejo de aquel pibe que no se rindió. Formó su propia familia, cruzó el océano y se destaca en el exigente rugby español. Aquella meta de «superarse» que mencionó en 2021 sigue intacta, demostrando que el rugby fue el trampolín hacia un futuro mejor.
Como él mismo cerró aquella charla: «Mis viejos siempre me mostraron el camino del bien y siempre lo seguí. El rugby y el club me ayudaron a encontrarlo».
Crédito de foto: Prensa UAR / Prensa SAR (Gaspafotos) / Prensa Ordizia Rugby
